Andrés Platarrueda (Suaita, Santander, 1926) es un artista integral cuya vida ha estado dedicada a registrar, narrar y preservar la memoria colectiva a través de la fotografía, el cine y la pintura. Su infancia en el entorno industrioso de Suaita, marcada por la pujanza de la Fábrica de Hilados y Tejidos de San José, moldeó su sensibilidad hacia el trabajo, la innovación y el arte.
Su sueño de ser pintor lo llevó a Bogotá en la década de 1940, donde inició estudios en la Escuela de Bellas Artes, aunque las circunstancias lo condujeron a otro camino creativo: la caricatura, la pintura de retratos y finalmente la fotografía. Con apenas 22 años adquirió sus primeras cámaras en medio del caos del Bogotazo de 1948, iniciando una carrera que lo convertiría en cronista de su tiempo.
En 1954 creó El Noticiero Suaitano, uno de los primeros registros fílmicos comunitarios en Colombia, con el que documentó la vida cotidiana, las celebraciones y la política de su pueblo. Más tarde, en Bucaramanga, consolidó su papel como reportero gráfico y fotógrafo urbano entre 1960 y 1995, registrando la transformación de la ciudad y su desarrollo industrial. Su trabajo incluyó fotografía aérea, industrial, de sepelios y mural, explorando siempre nuevos formatos de representación.
Platarrueda fue pionero en llevar el arte fotográfico a espacios públicos mediante exposiciones callejeras y salas abiertas, democratizando el acceso a la cultura visual. Su archivo, en proceso de digitalización, reúne más de cinco mil fotografías que son hoy testimonio de la memoria santandereana. Parte de su legado cinematográfico, incluido El Noticiero Suaitano, reposa en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, institución que en 2019 recibió una Mención de Honor por la preservación de esta obra.
En los años noventa retomó la pintura, integrando la precisión fotográfica con la libertad pictórica. Su casa se ha convertido en un museo vivo de imágenes y relatos donde comparte su legado con nuevas generaciones. A sus 98 años continúa activo, tocando el violín cada día como símbolo de vitalidad y creatividad.
Más allá de su obra, su mayor invención ha sido él mismo: un creador que transformó su identidad al unir los apellidos de sus padres y dar origen a un nombre propio, símbolo de autonomía y reinvención: Platarrueda.